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Instrucciones para ser criogenizado
Microrelato Laia Bárber



     Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia los seres humanos fallecen, conducta que se repite en espiral. Ante tal eventualidad temen lo que dejarán y lo que probablemente les aguarda. El temor a la muerte se vive como una persecución al interior de una estrecha y empinada escalera. Agachándose y poniendo la mano izquierda sobre el corazón, se está en posesión momentánea de una vuelta de tuerca y, quizá, de la posibilidad de aventajar la muerte. Algunos mortales pueden elegir la escalera de la criogenización para mitigar este temor inherente a nuestra especie. La criogenización es una rama de la física que estudia la mejor forma de preservar un cadáver humano con la intención de revivirlo cuando se cuente con la tecnología necesaria y se pueda garantizar un nivel de salud y vigor físico razonable. El proceso diseñado por científicos criónicos podría llevar a algunos a creer en la inmortalidad. Cada uno de los peldaños en el proceso, formados como se verá por varios pasos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior; sin embargo, cualquiera alteración en la secuencia puede resultar en criaturas monstruosas incapaces de trasladarse de una planta baja a un primer piso, o peor aún, en criaturas condenadas al entrepiso del limbo.

     Ante una enfermedad terminal, ante la vejez o un accidente, la determinación de ser criogenizado se toma de frente, pues hacia atrás o de costado resulta particularmente mediocre. Es indispensable que el candidato cuente con cierta dosis de lucidez y locura, o en su defecto, con la combinación de ambos. La actitud natural consiste en persistir en el duelo contra la muerte aun después de finado. La criogenización se contraindica en casos de religiosidad excesiva, ego recesivo y pobreza crónica. Para ser sujeto de criogenización es fundamental haber perfeccionado con anticipación la ascensión de una escalera según instruye el maestro Julio Cortázar.


     Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, por ello se sugiere iniciar el ascenso eligiendo una compañía. Una vez dado el paso inicial, procede hacerse miembro de la sociedad criónica y llenar un sustancial número de papeles que deberán firmarse ante notario. Aprobado el candidato, el solicitante, deberá pagar: a) la cuota anual de membresía por $700 dólares; b) el transporte del cadáver del lugar del fallecimiento al del tratamiento (en cuyo caso, Ancor Co., en Arizona, para reducir costos ofrece la opción de conservar únicamente el cerebro, eso sí, dentro del cráneo para optimar la protección de origen) y, finalmente; c) $200,000 dólares por el tratamiento, almacenamiento y resucitación. El contrato para ser y permanecer criogenizado estará vigente in secula seculorum, siempre y cuando, no ocurra algún desastre natural donde se localiza el banco de pacientes; la quiebra o disolución de la empresa o la implementación de alguna ley que prohíba la criogenización. Una vez superados los peldaños anteriores, el potencial cadáver se ha puesto a resguardo en el rellano de la inmortalidad. Pronunciada la defunción legal, el muerto no descansará en paz, sino en una tina llena de agua helada que detendrá el proceso de descomposición. Posteriormente, el suministro de medicamentos específicos evitará la coagulación y a través de un sistema de asistencia cardiopulmonar, gracias al uso de una bomba, se hará funcionar artificialmente el corazón y los pulmones para estabilizar el cuerpo durante el traslado. El último peldaño en el desafío es la vitrificación, que no es lo que suele entenderse por congelación, lo cual sería fatal, no para el cadáver, por supuesto, sino para el proceso de resucitación, pues al alcanzar el punto de congelación, el organismo se cristalizaría dañando los tejidos. Por ello y para evitar el catastrófico cambio de estado líquido al sólido, los especialistas en criogenización extraen la sangre del paciente y la sustituyen por una solución similar a un anticongelante. Para evitar cualquier movimiento molecular y actividad química, se disminuye la temperatura del cadáver hasta alcanzar los -124 grados Celsius.


     Llegado en esta forma al peldaño
superior en el proceso de criogenización, bastará con confiar en que se ha alcanzado la cúspide, obstáculo y objetivo que no desaparecerá con la muerte, que como nacer, es involuntaria. Precaución: El miedo es mal consejero y, tal como asegura el maestro Cortázar “se sale de la escalera fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso o de la ascensión.

 

 

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Comentarios: Criogenización
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Laia Bárber, Todos los Derechos Reservados © México 2016, (Bimestre Mayo-Junio 2016).