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El té verde
Por Laia Bárber

 

        A la versatilidad de la especie denominada Camellia Sinensis debemos la existencia del té verde. El blanco, el rojo, el negro y el oolong son té verde procesado en distintas formas. Entre las laderas de China, Japón, India, Sri Lanka, Vietnam, Formosa y Laos pueden contarse hasta tres mil variedades. Aun cuando al rooibos se le llama también té rojo, éste pertenece a otra especie que se cultiva en Sudáfrica.

Fueron los chinos quienes descubrieron los beneficios medicinales del té verde, su papel en la prevención como en la curación de múltiples dolencias es la recomendación de esta cuarta emisión.

Té verde

Hasta el siglo XVI en China sólo se cultivó el té verde, su fuerte demanda llevó a los productores a idear formas para almacenarlo. Descubrieron que secándolo y dejándolo fermentar se evitaba su descomposición y se conservaban sus propiedades. A principios de siglo XVII la Compañía Holandesa de las Indias Orientales llevó por primera vez el té a Europa. Fueron los ingleses quienes popularizaron su consumo, en 1773 en Boston los colonos americanos lanzaron al mar todo un cargamento de té en protesta contra Gran Bretaña por gravar la importación a la metrópoli de distintos productos, entre ellos el té. A este desafío que dio origen a la guerra de independencia se le llamó el Motín del té o Tea Party.

El té verde en Tíbet, China, Japón e India se vincula a la búsqueda espiritual. Su procesamiento se inicia con el secado de las hojas recién recogidas para luego enrollarlo. Para finalizar se aplica un tratamiento que mata las enzimas y evita la fermentación de las hojas al descomponerse. Las variedades de té verde deben su nombre a la región donde se cultivan o a la forma que adopta la hoja una vez tratada. Algunos de los más apreciados son: el té Bancha, el Gunpowdwer (Cosecha fina, cuidadosamente seleccionada y enrollada en bola), el Chunmme (hoja enrollada longitudinalmente), el Sencha (variedad japonesa de hojas expuestas al sol), El Matcha (té verde de alta calidad pulverizado que se utiliza en la ceremonia japonesa del té, para elaborar helados y diversos productos culinarios) y el Pi Lo Chun. Para los tés en bolsa se utilizan las hojas trituradas o merma y las clasificaciones varían según el tamaño de las partículas entre BOPF y PD. La provincia de Zhejiang en China produce el más famoso de todos los tés verdes de alta calidad, el Xi Hu Longjing o Pozo de Dragón que es la variedad que los monjes utilizan para aclarar la mente desde hace siglos. La variedad japonesa más común es el Ryokucha, que quiere decir “té japonés”; la cepa más fina es la que se cosecha en la región de Uji en Kyoto.

Las propiedades y beneficios del té verde son múltiples y diversas. Resumir los beneficios puede redundar en ciertas generalidades que mencionaré a vuelo de pájaro. Las hojas y tallos de la camellia sinensis además de flúor, contienen calcio, potasio y magnesio; también provitamina A y vitaminas del grupo B importantes en el funcionamiento del sistema nervioso. Sus oligoelementos y vitaminas C benefician los procesos digestivos y hepáticos. Los antioxidantes (polifenoles) protegen al organismo frente a la acción nociva de los radicales libres. Regula los niveles de colesterol ayudando al cuerpo a absorber menos grasa y excretar más. Igualmente equilibra el azúcar en la sangre y los niveles de insulina. Ejerce un importante efecto diurético. Contribuye a la hidratación de la piel. Los taninos que le confieren el característico sabor amargo tienen efecto astringente.

El té verde contiene una sustancia que impide el aprovechamiento orgánico de la vitamina B1 si se beben más de tres tazas al día, en cuyo caso también afecta la absorción de hierro por lo que no se recomienda a personas con anemia. Es importante evite combinar drogas estimulantes con cafeína. Siendo una bebida estimulante, como cualquier té, el verde tiene cafeína, teína y teobromina. Una taza de té contiene menos cafeína que una de café y menos que cualquier refresco.

Agregar una nube de leche al té verde reduce los beneficios antioxidantes. Si su sabor nos resultara amargo, endulzar con cualquier producto natural o integral como miel de abeja, azúcar morena, jarabe de maple o agave, además de complementarse espléndidamente con el té verde, produce sinergias positivas.

Las catequinas (potentes antioxidantes) del té verde son solubles en agua, el grado de extracción depende del tiempo de contacto. Para aprovechar al máximo las propiedades, lo óptimo es hacer una infusión larga, de cinco a diez minutos. Para que no se amargue demasiado se recomienda verter las hojas justo antes de hervir y retirar pasado el tiempo.

Si la infusión de unos cuantos gramos de hojas puede causarnos, con nuestro beneplácito, tantos beneficios, ¿de qué no serán capaces los pensamientos?

 

 

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Laia Bárber, Todos los Derechos Reservados © México 2014.