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Frankenstein o el moderno Prometeo

Mary Shelley nacida Godwin

Por Laia Bárber

 

CRIATURA: ¿Alguna vez consideraste las
consecuencias de tus actos? Tú me diste la vida...
¿Quién soy yo?

     La naturaleza de la protagonista de La Cocinera de Himmler me llevó a ahondar en el perfil de la infortunada criatura del doctor Frankenstein en la novela de Mary Shelley, la recomendación de este bimestre XIV. Las emociones que despiertan Rouzanne y el monstruo, convergen en un arquetipo anterior al patito feo y, quizá incluso, a Prometeo.

Frankenstein o el moderno Prometeo

Clasificada erróneamente bajo el género de horror, pues se encuentra más cercana a la ciencia ficción y a la narrativa gótica, Frankenstein ha sido reimpresa, reeditada, traducida y llevada al cine en versiones apegadas al original tanto como en secuelas libres.

Su autora nació en Londres en 1797, ambos padres fueron relativamente reconocidos, ella como feminista y el padre como filósofo político -William Godwin-. Su madre murió a los pocos días de nacida Mary. A los dieciséis años, Mary huyó con Shelley que además de ser ya un poeta consagrado, era casado y, como sus padres, practicaba el amor libre. Su primer hijo nació prematuro y murió. Luego nació William y una niña que murió antes de cumplir el año, William a los tres. Sobrevivió uno solo de sus hijos, Percy Shelley. La esposa que Shelley abandonó por Mary, se suicidó embarazada de ocho meses; para obtener la custodia de los hijos de Shelley, optaron por casarse. Él murió ahogado en una tormenta en la que navegaba con amigos. Esta horripilante sucesión de muertes ocurrió antes de que Mary cumpliera los veintiséis. Terminó de escribir Frankenstein a los dieciocho, habiendo perdido solamente a su madre y a su primer bebé. Escribió otros libros, poesía y ensayos, nada tan popular como el relato de su hijo simbólico y la premonición justa de las pérdidas que como su protagonista tendría que enfrentar. Mary murió a los 54 años.

Estando ella y Shelley invitados en Ginebra a la Villa Diodati por Lord Byron, ante el mal clima se propusieron escribir cada uno una historia de fantasmas. La individualidad, la naturaleza del hombre, el libre albedrío y el contrato social ocuparon gran interés entre los intelectuales y pensadores de su tiempo. También la creación de vida artificial fue un tema que cundió como el uso recreativo del láudano (opio) entre los círculos cercanos a Mary.

Tres editoriales rechazaron el libro acompañado del prefacio de Shelley y dedicado a William Godwin. A su publicación, si bien desató controversia, la novela fue un éxito rotundo, según el mismo Shelley gracias a que […], aunque imposible como hecho físico, proporciona a la imaginación un punto de vista desde el cual delinear las pasiones humanas de manera más amplia y vigorosa de lo que puede permitir cualquier relación de hechos verídicos.” El romanticismo inglés tuvo variantes de su homólogo alemán, para darnos una idea de la distancia a que nos encontramos de la obra de Mary, la escribió el mismo año que Beethoven compuso su sonata Hammerklavier. Por ello, la lectura del original exige un precio, superar el inglés de la época y los formulismos anacrónicos tanto como las convenciones. La prosa de Mary nunca fue mayormente admirada y la estructura es rígida, abusa de la 1era persona y echa mano de la forma epistolar. Sin embargo, si logramos traspasar doscientos años de evolución, penetraremos el páramo de un mito que eriza el alma. Los paisajes de desolación y desánimo acompañan la proyección de verdaderos descampados existenciales. El héroe de la literatura romántica vivía confundido y en antagonismo con su sociedad, abandonado por su creador y desafiando sus emociones y flaquezas en un idealismo por la muerte auto infligida. La extrema ideación de la consciencia de los personajes que en ocasiones parecerá hiperactividad mental, son otro atributo netamente romántico y propio del hoy en boga y apreciado género sicológico.
La ira desencadena la venganza y compone con estridencia disonante un drama a la manera de Shakespeare que deja al protagonista impasible. La lástima que inspira la criatura nacida de la soberbia y orgullo de un ambicioso y brillante estudiante, redunda en el morbo que despierta el ángel caído; la precisa metáfora de cualquiera demonio, incluida la especie humana. El fracaso del doctor Frankenstein para proteger a quienes ama en la obsesión por sostener los secretos que encubren sus culpas, hoy no se llama monstruo, se llama fundamentalismo.
Primero es el monstruo quien persigue a Frankenstein, al final es Frankenstein quien acosa a la criatura en una fascinante persecución como la de Javert tras Valjean que en el intento de captura construye enemigos memorables. Para conocer su origen, la criatura pregunta a Frankenstein: “¿Quién soy?”

 

Frankenstein
Mary Shelley
Bantam books
1818

 

 

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Laia Bárber, Todos los Derechos Reservados © México 2015, (Bimestre Enero-Febrero 2015).