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Habemus Papam
Nanni Moretti
Por Laia Bárber

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Mercedes Sosa "Todo Cambia"

   

     Todo cambia, incluso, nuestra resistencia al cambio; salvo cuando responsabilizamos a Dios y actuamos como niños. Esta es la historia de la película Habemus Papam de Nanni Moretti, en la que, además, la humanidad del Santo Padre se enfrenta a su infalibilidad. La trama que se teje en torno a un momento trascendental para la Iglesia Católica: la elección de un nuevo Papa inicia con la procesión hacia la Capilla Sixtina, donde el fresco del Juicio Final es testigo de cómo la curia elige sucesor. A la tercera ronda y contra toda expectativa, después de escuchar los pensamientos de muchos ancianos que temen ser elegidos y oran a Dios para no serlo, casi por unanimidad, el Cardenal Melville es designado Sumo Pontífice.

Habemus Papam

     Como suele suceder en el cine italiano, en Habemus Papam, la sensibilidad latina construida sobre el legado de artistas y genios extravagantes es un deleite. Para no estropear el rumbo que la cinta va tomando, no hace falta decir mucho en concreto, sino más bien sesgadamente.


     A los ochenta y cinco años, Michel Piccoli interpreta al cardenal Melville a quien el peso de las responsabilidades espirituales abruma y paraliza. Antes de bendecir a sus fieles desde el balcón según la tradición, lanza un aullido sobrecogedor y, a la primera oportunidad, escapa a las calles de un mundo al que renunció en la adolescencia y que nunca llegó a conocer. La película no fluye ortodoxamente, más bien dispara escenas que se bastan solas para construir una parodia sobre el melodrama que es la vida. Porque ya nadie va al Infierno ni tampoco nadie aspira al Paraíso, la película de Moretti es un collage de emociones bien sobadas.

     La angustia del Su Santidad se aprecia en los claroscuros de su rostro a la manera del maestro Caravaggio. Así como los relieves que nos han cautivado en las esculturas de Miguel Angel Buonarotti, se disfrutan en las muecas de 108 cardenales que de Moisés toman la beatitud y, del David, la gallardía; hombres de fe que acuden de los cinco continentes para elegir y apoyar desde la oración y el himno a un sucesor sin intrigas y charangas, —poco verosímil—. El balcón desierto que mira a la Plaza de San Marcos abarrotada de huérfanos a la espera del saludo de su padre es el retrato perfecto del vacío y la soledad.


     Como las afirmaciones visuales, las articuladas tienen su encanto, como cuando el portavoz que hace de señora de la casa, lleva al Vaticano a un siquiatra a quien nadie osó preguntar si es creyente y a quien se instruye para no preguntar al Pontífice nada sobre la infancia, la madre, los sueños y las fantasías, porque “…el alma y el inconsciente no pueden coexistir”, advierte uno de los cardenales. Hay una escena conmovedora en la que el cardenal Melville, sentado en un camión público, reza en voz alta en una apología por los cambios que la Iglesia  precisa hacer y se ha dilatado, disculpándose con los pasajeros por preparar en voz alta un discurso importante que lo preocupa.  
El capital simbólico de la película se sirve de hechos y parábolas grabados en el inconsciente colectivo del occidental apostólico romano. Cuando el Papa deambula incógnito por las calles de Roma, acude a la memoria el episodio en el que Jesús a los doce años, apartándose de sus padres llegó al Templo de Jerusalén donde lo encontraron, precisamente, tres días después, como a su Santidad lo rescata su tribu en un teatro en Roma. No hace falta demasiada erudición o fe para rememorar la última noche de Jesús en el Huerto de Getsemaní cuando intentaba entender aquello que su padre esperaba de él.  Como el circo y la tragedia, el pan ocupa en la película también un lugar preponderante, cuando de madrugada un panadero convida a Melville un croissant y el Papa le confiesa que padece un desorden emocional que no entiende, síndrome del padre ausente, disfunción que, en escala mayor, reportan todos los medios de Europa con la prolongada incógnita de quién fue el elegido.

     La música es nostálgica y se promulga, como en la canción que se incluye de Mercedes Sosa, Todo cambia, por un mundo sin pies ni cabeza. Nanni Moretti caracteriza al psiquiatra cuyo papel secundario ameniza el enclaustramiento propio y del resto de los cardenales al interior del Vaticano donde la vida parece haberse congelado hace más de un milenio.


     Cuando el médico y el psiquiatra llegan demasiado tarde; cuando la solidaridad de la legión propia no es suficiente; cuando la fe no obra milagros y el hambre es la de una miríada de fieles, un solo hombre no basta. Agradezcamos al séptimo arte por obrar como refugio.

 

Habemus Papam
Nanni Moretti
Comedia dramática
2011
Netflix

 

 

Comentario:



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Historial de comentarios: Habemus Papam
Fecha: Comentario:
04/Mar/2016 Me antojaste la película. Ya había escuchado de ella pero nunca tuve la suficiente curiosidad para indagar más.
Me gusta cómo concluyes el texto agradeciendo al séptimo arte. Yo a esto agregaría el sentido del humor.
A veces pienso que la vida sería insoportable sin el sentido del humor.
¡Saludos!
Olga
03/Mar/2016 Como ya es costumbre, otra excelente recomendacion por parte de Laia.
Me fascionó la pelicula. Gracias!

 

Laia Bárber, Todos los Derechos Reservados © México 2016 (Bimestre Mar-Abr 2016).