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Duelo de impostores
Cercas
vs Carrère

 

Laia Bárber            

     

     La impostura es nuestro nombre. Desde que nacemos invertimos toda nuestra energía y capacidades en inventar escenarios y roles que nos provean de suelo firme. Acumulamos credenciales que avalen nuestra existencia y estatus. Algunos construyen puntos de referencia más imaginativos que otros, chateaux en Espagne, les llaman los franceses. Desde hace cinco mil años a la vanguardia, el budismo clasifica los mecanismos del demonizado “yo”. Elegimos el paquete de homosexual, de padre de familia, de intelectual, de militar o el de la bomba sexual y, además, tenemos la desfachatez de creer que las cualidades correspondientes a cada prototipo nos son inherentes.

Duelo de impostores

     El proceso de construcción de la identidad -low profile como high profile- aprieta el nudo de la existencia. La recomendación del bimestre XXIV del blog Caprichos de Autor es un duelo entre grandes plumas y su reconstrucción de la vida de dos impostores: en el El Adversario la de Emmanuel Carrère y en El impostor la de Javier Cercas. Tanto el francés como el español pican el anzuelo de la falsa identidad para confabular con ella y consigo mismos. No debería sorprendernos demasiado, en tanto que ellos, los escritores de ficción, se dedican profesionalmente a disfrazar y maquillar la realidad. En entrevista concedida a El País, uno de los peces gordos de su gremio, Vargas Llosa, explica mejor su forma de intervenir la realidad: “La literatura no documenta la realidad, la transforma y adultera para completarla, añadiéndole aquello que, en la vida vivida, sólo se experimenta gracias al sueño, los deseos y a la fantasía”. Podría asegurar que para los narradores, el talento de los seres humanos para protagonizar sus fantasías, es una modalidad de la ficción. En su ímpetu por dicernir la naturaleza de su materia prima: la vida y el hombre, al ahondar en los vericuetos de la falsa identidad se queman las manos con los escrúpulos propios y los agenos. No escriben sobre ellos para usted y para mi, querido lector, escriben, como debe ser, para sí mismos.


          Mientras lees esta recomendación, imagina que creciste al cobijo de un padre modelo que, por haber sobrevivido a un campo de exterminio nazi es una celebridad en su pueblo natal y en su país, España. Tu padre, fue nada menos que uno de los nueve mil republicanos enviado a territorio alemán para su exterminio, que, gracias a su fortaleza y carisma, con el tiempo se convirtió en conferencista y presidente de la asociación española de supervivientes, además de haber sido galardonado con infinidad de distinciones, entre ellas, la de ocupar el podio para dar testimonio en el parlamento español, así como presidir los eventos conmemorativos para la liberación de Mauthausen. Un mal día para tí y para tu padre, Enric Marco, un historiador denucia su impostura y demuestra, sin lugar a réplica, que no fue ni prisionero ni sobreviviente.

 

     Cambiemos de escenario. Ahora, imagina que eres mujer y estás casada con Jean-Claude Romand, un médico exitoso miembro de la Organización Mundial de la Salud. Tienen dos hijos pequeños, una situación económica holgada y un matrimonio feliz. A diferencia de la familia de Enric Marco, el falso sobreviviente, no tendrás vida para descubrir la impostura de tu marido, porque para impedir que lo desenmascares, una noche te matará a ti y a tus hijos, irá a la casa de sus padres también para asesinarlos, y regresará a la tuya a incendiarla e intentar fallidamente suicidarse.

 

     En El impostor, a Cercas lo engatusó la historia del falso sobreviviente que mintió a sus mujeres, a sus hijos, al pueblo español y a un millar de judíos. Para nuestro disfrute e ilustración, su autor abre las puertas de las vitrinas que atesoran muchos de sus mecanismos creativos. Exhibe en ellas la hipersensible nariz del sabueso, el cultivado arte de la mayeútica, la tosudez del periodista, el oído del confesor, la mirilla del psicólogo y la empatía del escritor comprometido. Con teatralidad busca esclarecer el porqué y el cómo nuestra especie produce especímenes como Enric y Jean-Claude, y engendra un Enric Marco, precisamente, durante la transición de la dictadura a la democracia españolas.

 

     Carrère en El adversario cae en las redes de una impostura de dimensiones criminales. Su relato se lee a la velocidad que en Netflix se pasa del capítulo de una buena seria al siguiente. Hay en la estructura topes y vados que el lector fácilmente equivará en el morbo incontenible de descubir los detalles de tan abominable historia. Hacia el final, su autor elige una imprevisible vereda que nos aleja de la pesquisa original y nos impone una plataforma piadosa que, en mi opinión, omite la gran pregunta: ¿por qué el amor de Romand por su familia no alcanzó para salvarles la vida?

 

     Herederos de una tradición inaugurada con la obra de Truman Capote, A Sangre Fría, ninguno de los dos libros recomendados es una novela, sin embargo, ambos se leen como si lo fueran. Sus autores cuentan con los jugos gástricos con que se digiere la novela desde El Quijote.

 

     La libertad que estos novelistas se conceden -pues ambos comparten protagonismo con sus respectivos impostores, y el acercamiento que permiten entre su figura y el sujeto literario son ingredientes de primera calidad. Cercas, una vez que obtiene la autorización de Marco para escribir sobre él, lo conduce a sus dominios para interrogarlo, filmarlo y hacerlo confesar. A Carrère, Romand le niega la posibilidad de husmear en su historia, misma que le concede dos años más tarde. A través del intercambio epistolar se involucra y vincula con su adsversario. En una inverosímil primera persona, la del asesino, el escritor nos cuenta cronológica, más no, ordenadamente, los hechos durante los días de los asesinatos. Carrère pilotea un automóvil de fórmula uno que nos conduce a la infancia, adolescencia y juventud de Romand, cuando a los dieciocho años comenzó la invención del médico que se convirtió en parricida y filicida. Hacia el final, la actitud bondadosa de quienes acompañan a Romand en su cautiverio y rezan por él y por otros presos veinticuatro horas al día, contiene el aliento original del relato, abriendo de tajo un espacio a uno nuevo.

 

     Hemos desperdiciado milenios de evolución en el desarrollo de radares incapaces de decifrar el territorio que habitamos y, otros más, en conquistar sofisticados universos fantásticos. En la necedad de construir una versión de la realidad que nos ubique y satisfaga, enloquecemos y sufrimos. Afortunadamente, la fiera atracción que ejerce en los narradore la falsa identidad, redunda en el rescate de la tragedia. Las preguntas que lanzan en El impostor y El Adversario Cercas y Carrère nos ensucian de lodo y nos inquietan. Los intrincados móbiles del impulso humano por protegerse de la verdad de la existencia y, sobre todo, de validar sus proyecciones, a cualquier costo, son el botín que se disputan los duelistas.

 


El impostor

Javier Cercas

Literatura Random House

Género: no ficción

 

El adversario

Emmanuel Carrère

Anagrama

Género: no ficción


 

 

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