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Nada
De Janne Teller
Por Laia Bárber

             Por ser la fábula un género didáctico capaz de matizar la negrura de un relato, y por deferencia a nuestra especie, clasificaremos de fábula la recomendación literaria de este bimestre: Nada de la novelista danesa Janne Teller. Con un brusco giro en la trama, jóvenes de entre trece y catorce años se convierten en una serie de criminales siniestros. Censurada y prohibida en países progresistas como Suecia y Noruega, esta novella expone a cualquiera de nuestras sociedades desarrolladas. Es un acierto que los personajes no sean ni adultos ni animales; los vampiros, Bamby y otros protagonistas como Caperucita Roja, nos ayudan a tomar distancia de la narración. Los alumnos de secundaria en la novela de Teller hacen lo contrario, sujetan del cuello a padres y madres, a educadores y moralistas, pues precisamente su vulnerabilidad e inocencia hacen que el contenido sea explosivo. La voz de Agnes, quien narra los hechos, hace convergir un impulso milenario, la búsqueda del significado de la vida con grandes vacíos existenciales.

Nada

La novela la protagoniza una montaña de significado, un Kilimanjaro de objetos que los alumnos reúne para demostrar a su compañero Antón que vivir merece la pena. Apostado a las ramas de un ciruelo en su jardín, Anton proclama que “existir no merece la pena en lo absoluto”, y que “en el mismo instante que naces, empiezas a morir”. Los axiomas que vocifera a sus compañeros camino de la escuela los deprimen y consternan. La casería de estos objetos inicia cándidamente, conforme la montaña crece, la dinámica se transforma. El último alumno en ofrecer un tributo tiene el derecho a exigir al siguiente compañero lo que sea. La importancia que cobra la fuerza del grupo sobre la acción de cada individuo es fundamental en la trama y viene al caso magistralmente para alcanzar un clímax macabro.

Habrá que usar anteojos que ayuden a mirar a través de los hechos que Agnes narra sucinta y líricamente para obligarnos a ir de lo material a lo abstracto: “Scared, more scared, most scared.” “Good, better, best.” “Victory is sweet. Victory is. Victory.” Algunos de los temas de resonancia radioactiva son la fascinación por la crueldad, el apego a las cosas, la pérdida de la inocencia y el fanatismo que a través de símbolos como una bandera, un crucifijo o la virginidad construyen el escenario que se alimenta del absurdo. En Nada, la crítica al modelo educativo subyace, como en nuestro país es especialidad de temporada, hace sentido la reflexión en torno a erigir normas y valores con el entusiasmo que se enseña la fotosíntesis. Según Alice Miller*, “en tanto sea “amplia la carencia de sentimientos durante la infancia, mayor tendrá que ser el arsenal de armas intelectuales y la despensa de prótesis morales”. En este sentido,  Nada desconcierta desde su sicología inversa, pues desprovistos de arsenal intelectual a nivel consciente, los jóvenes derrochan  emociones y  desafían su status quo. Lamentablemente, se pierden en su propia conquista cuando “la idealización de su grupo provoca el delirio de grandeza colectivo” (A. Miller “Por tu propio bien”). En Nada, como en el éxito de taquilla “Los Juegos del hambre”, en el que se exalta un heroísmo desvirtuado y niños matan niños, esta espeluznante fábula clausura el “Ciclo de la Caverna”, reduciendo las dimensiones de la caverna que habitamos a una escala diminuta. Tan plausible como factible, Nada es apta para padres que se hagan acompañar de adolescentes.

 

Nada
Janne Teller
Atheneum
2010

 

 

 

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Laia Bárber, Todos los Derechos Reservados © México 2014, (Bimestre Marzo-Abril 2014).