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La cocinera de Himmler
Franz-Olivier Giesbert

Por Laia Bárber

 

La Cocinera de Himmler

     La última novela de Franz-Olivier Giesbert, (FOG), biógrafo de Sarkozy, Mitterand y Chirac, La cocinera de Himmler es una apología de la vida. Su hija simbólica, Rouzane rebautizada en Francia como Rose, es una transposición del Frankenstein de Shelly. Rose “va a donde le apetece ir, ama a quien le apetece amar y mata a quien le apetece asesinar”. Reemerge de innumerables cataclismos como un enmiendo zurcido de muertes; la de sus padres y hermanos, amantes e hijos. Sus memorias se extienden a todo lo largo y lo  brutal del siglo XX, cuyas barbaries según “el instituto holandés Clingendael provocaron 231 millones de muertos”. Una centena de capítulos breves narrados en primera persona, un puñado de recetas de cocina y una pequeña biblioteca del siglo XX, constituyen la bitácora de viajes de una víctima universal de cuyas heridas nace el deseo de venganza y la fuerza para sobreponerse. “El día de mi nacimiento”, anticipa Rouzane, “los tres personajes que iban a arrasar la humanidad ya estaban en este mundo, Hitler tenía dieciocho, Stalin, veintiocho y Mao, trece”.

A los nueve años Rouzane es testigo de la diatriba milenaria entre credos. Escapa a la matanza de la comunidad armenia en Turquía, un par de años más tarde entra a occidente por el puerto de Marsella. A tierna edad, Rouzane inicia el papel protagónico de quien se convertirá en una mujer caricatura de su tiempo. Políticamente incorrecta y al margen de convenciones morales, se arma de herramientas tan controversiales como pragmáticas, la vena ficticia teje al monstruo a la par de la heroína. Refugiada tras máximas que cumple a rajatabla, Rose se atrinchera tras “el poder del amor, de la risa y de la venganza” para combatir las tres lacras de su tiempo: “el nihilismo, la codicia y la buena conciencia”. De Turquía a Marsella, de la Provenza a París, de París a E.E.UU y de ahí a China, Rose atesora una lista de odios en la que ha escrito los nombres de sus enemigos, pues solo cree en el perdón habiéndose vengado —ojo por ojo, diente por diente—. “Aunque la venganza viole el código civil y los preceptos religiosos, es un placer del que me parece estúpido privarme”. Como en Inglourious Basterds de Tarentino y en Sin Sangre de Baricco, el leitmotive en La cocinera de Himmler es la venganza, presente en nuestra condición humana desde el origen de los tiempos. En la balanza final, es la garra y el coraje para resurgir el contrapeso a los pecados de Rose.

Su historia no invita ni a las lágrimas ni a la conmiseración, el tono coquetea con el cinismo y el humor de una guerrera singular. Si bien, la sucesión de atrocidades abarca el siglo y el laberinto de horrores genocidas mantiene a Rose al vórtice de todo tipo de bestialidades, la lectura avanza con frescura y ligereza. La cocinera de Himmler es un roman de tintes marcadamente franceses. Entre proclamas de un joie de vivre et survivre cimentadas en dios, el amor, la cocina, la literatura y sexo, se disfruta una epopeya impresionista a las luces de una Francia posmoderna; una metáfora del periplo de una veterana de todas las guerras; un instinto deformado por cicatrices y remendado por la determinación de vivir. 

 

La cocinera de Himmler
Franz-Olivier Giesbert
Alfaguara
2013

 

 

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