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La mosca nuestra de cada día
Por Laia Bárber

 

     Una ampolla en el dedo; el llanto de un niño o la tos de un viejo; una contradicción; un cretino que te humilla; una obligación sin convicción; miedo a las alturas, una cerveza caliente; mal tiempo en tus vacaciones de playa; la conciencia; el zumbido de una MOSCA negra y peluda que vuela en círculos como un zopilote al que le apeteces; sus pegajosas patitas se paran en tu nariz, la ahuyentas, vuela a la pantalla de tu monitor y lo recorre sin piedad. Estos son solo un puñado de ejemplos que cualquiera podría completar hasta sumar cientos más sobre fobias, personas y circunstancias que nos sacan de nuestros cabales, porque confrontan nuestro reinado y encumbrada certeza de ser víctimas, cuando somos causa de un cúmulo de disfunciones y manías que entre más mayores más afinadas y sofisticadas se tornan.

Mosca

A la mosca se le considera un ser malvado y corrupto; representa la debilidad o la insignificancia. La intención de dar al cursor del blog Caprichos de autor, la forma de una mosca que nos conduce entre páginas y ensayos fue dar movimiento al plano unidimensional de una hoja blanca colmada de palabras. Al margen de procesos mecánicos infalibles como «salvar, copiar, subrayar», la mosca también es símbolo del lado oscuro. Cuando el espejo refleja un dolor incisivo, un ruido enervante, una llamada de atención, un atentado contra el ego, el lastre de una responsabilidad malentendida, un recordatorio de la insignificancia propia, sed desvirtuada, la incomodidad que impone la lluvia y algún dilema existencial refugiémonos en el ZUMBIDO de la mosca. La mosca es la mano que mece la cuna, la recomendación de esta emisión es su observancia. Es roja para que la veas mejor, es tu amigo y tu peor enemigo para que te entiendas mejor, es una voz queda que llega y se queda y no se deja gobernar para que te escuches mejooooor. Es el instinto que te guía y la indecisión que te detiene para que te ubiques mejooor, es un insecto calaverita mío del que no podrás librarte de un manotazo.

Observar nuestros patrones de pensamiento puede ser tan enervante como el vuelo de una mosca. Ponles una curita, no los escuches, enfréntalos, combátelos, enfríalos con hielo, interpón un paraguas, fumígalos...

 

 

 

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Laia Bárber, Todos los Derechos Reservados © México 2014, (Bimestre Noviembre- Diciembre 2014).