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Preludio y Fuga Op.16, No.3

Clara Wieck

Por Laia Bárber

 

 

“Clara no puede trabajar con regularidad y frecuentemente me preocupa pensar cuantas profundas ideas se habrán perdido porque ella no pudo sacarlas adelante”. Robert Schumann.

 

     Para complementar el homenaje a Clara Wieck en la recomendación cinematográfica Geliebte Clara, la elección musical para este bimestre es una de sus composiciones: Preludio y Fuga Op.16, No.3.

Clara Schumann - Prelude and Fugue Op.16, No.3

Preludio y Fuga Op.16, No.3

Clara nació en Leipzig en 1819 y murió a los 77 años. Su padre fue maestro de música y vendedor de pianos; su madre, cantante en el Gewandhaus Halle. Se divorciaron en 1824 y Clara se quedó a vivir con su padre quien se propuso darle una formación musical exhaustiva desde los cinco años, edad a la que comenzó a hablar y tocar el piano de oído con gran habilidad.
Clara debutó como concertista a los nueve años en la Gewandhause Halle. A los once en París, Paganini se ofreció para acompañarla en uno de sus conciertos. A los dieciséis tocó en el Gewandhaus bajo la dirección de Mendelsohn. El poeta Franz Grillparzer, después de oír su interpretación de la Sonata Appassionata de Beethoven, le dedicó un poema titulado: Clara Wieck y Beethoven.  Fue distinguida, siendo mujer, muy joven y extranjera con el nombramiento de Real e Imperial Virtuoso de Cámara; la más alta distinción musical concedida por el emperador austriaco.

En su primer recital a los ocho años, Clara conoció a Robert Schumann. Robert se convirtió en alumno del padre de Clara y se mudó a su casa; durante la adolescencia Robert fue uno de sus maestros, siempre que las giras de ambos por Europa lo permitieron. Robert fue rechazado por el padre como pretendiente de Clara por el historial familiar de disfunciones mentales. Cuando ella cumplió veinte años pidieron permiso a un juez para casarse sin su consentimiento. Si bien, su matrimonio duró pocos años, Clara y Robert compartieron durante treintaicuatro años su pasión por la música y su devoción mutua. Existen infinidad de cartas intercambiadas entre ellos y, del tiempo que estuvieron casados, se conserva el diario que escribieron a cuatro manos.

Cuando Robert murió, ella tenía 36, él 46, había estado internado en un hospital en el que no se le permitió ver a Clara dos años. La simbiosis entre estos dos artistas comulgó en el espíritu que prevalece en sus obras tanto en las variaciones que hicieron de sus respectivas composiciones como en su apreciación y motivaciones musicales. Clara se dedicó a difundir la obra de su esposo, se presentó por primera vez en Inglaterra en 1856 con su repertorio. De 1878 a 1892 fue profesora de piano en el Hoch Conservatory en Frankfurt.
En una época en la que la mujer de clase media alta fue educada para ser franco frente de servicio patriarcal, fue un milagro que Clara compusiera 60 piezas y diera conciertos hasta entrados los setenta. Subsisten algunas cadencias para conciertos de Mozart y de Beethoven, además de composiciones para piano, un trío para piano, obras corales y tres Romanzas para violín y piano.
Si la psique no es enteramente masculina ni femenina, ¿de donde proviene la sensibilidad que se aprecia en este Preludio y Fuga? ¿Habrá quien al escuchar la música pueda saber si el compositor es hombre o mujer? Para disfrutar hace falta disponer el espíritu y ese, confío, sea también asexuado.

 

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Laia Bárber, Todos los Derechos Reservados © México 2015, (Bimestre Enero-Febrero 2015).