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Todo cuanto amé

Siri Hustevdt

Por Laia Bárber

 

     Cuando un escritor consigue transpolar la vida a la dimensión literaria, nos parece que sus ojos y su corazón fueran los nuestros; es un truco, un recurso literario de quienes poseen el oficio y logran despojarse de lugares y de interferencias comunes. Al deponer la pluma por la cámara cinematográfica que, como bastón de ciego nos arrastra al vórtice de su historia como si fuera la propia, su arte evoca lo soñado y lo temido.

Todo cuanto amé

Todo cuanto amé es una novela que despierta en el lector altas dosis de empatía. Empatía por todo aquello que un hombre es capaz de amar para sobrellevar el duelo, el engaño y la separación; el título es acertadísimo. Su autora, Siri Hustevdt (’55) nació en Minnesota de padres noruegos y está casada nada menos que con Paul Auster.

Leo Hetzberg neoyorkino de padres judío-alemanes, “a phrase that no longer exists in any lenguaje”, compra al pintor William Wechsler un cuadro; a raíz de la adquisición Leo y Bill se convierten en amigos entrañables. Leo es historiador de arte graduado de Harvard y profesor en La Universidad de Columbia; vive en SoHo con su esposa desde donde aprecian la vanguardia en el arte de los años 70 y 80. Leo es nuestros ojos al relatarnos veinticinco años de relación entre dos familias, la suya y la de su amigo. El pequeño círculo se basta para tejer un complejo entramado de vínculos y fisuras. Erika, la esposa de Leo, es profesora de inglés; Lucilla, la primera mujer de Bill, poeta; y Violet, la segunda, egresada de NYU.

Hustvedt construyó una novela sicológica y de ideas que termina en thriller de tenor inquietante más que negro, en el que los personajes son elaborados con minucia barroca. La autora desmenuza, analiza y define la paleta de emociones y apreciaciones de Leo, cuya profesión es coherente con los dos pilares temáticos que abordan nuestra atropellada existencia. Por un lado, el de las implicaciones del arte en el microcosmos neoyorkino y, por otro, el de los quebrantos humanos. Dividida en tres partes, la novela despunta al iniciar la segunda que se inaugura y cierra con sendas muertes. Leo es esposo, padre, profesor y amigo, y como tal reacciona a las grandes instituciones del mundo occidental: el matrimonio, la familia, la paternidad, la manipulación mediática y la amistad. A una esfera macro, los genes normandos de Hustvdt no fueron capaces de blindarla contra la inercia que celebra la violencia posterior al western y tan sobrevalorada en la cultura estadounidense. La textura emocional es absorbente y elaborada. La estructura lineal se desenvuelve entre descripciones extensas de incidentes y pasajes de reflexiones profundamente filosóficas. La prosa no alberga nada superfluo y es de una frescura y fluidez coloquiales que abren la puerta al interior de un bosque síquico.

Todo cuánto amé es un diálogo inteligente y crítico sobre el amor que exige una ética personal incólume. A Leo no le queda más salida que saldar con su invidencia el precio que su alma exige por combatir el dolor.

 

Todo cuanto amé
Siri Hustevdt
2003
Anagrama

 

 

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