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La Veuve de Saint Pierre

De Patrice Leconte

Por Laia Bárber

   

     Para los admiradores de Juliette Binoche y para quienes deseen admirar barcos de vela esta recomendación funcionará: La Veuve de Saint Pierre, el título en español es desafortunado, El Amor nunca muere. La isla de San Pedro y Miquelón, territorio francés de ultramar, es parte de un archipiélago precioso y el escenario de este drama basado en una anécdota histórica. Situado al este de las costas de Canadá en el Atlántico Norte, despliega un clima tan ventoso y frío como sus moradores. Habitado por pescadores y un puñado de regentes y militares, como todo territorio nacional, se sujeta a la Métropole.

La Veuve de Saint Pierre

En una borrachera dos pescadores se disputan la razón sobre si un tercero es gordo o grande. Para comprobarlo lo asesinan. Después del juicio se les sentencia a pena capital. La condena debe ser cumplida públicamente y cerca del lugar del crimen, en 1849 se exige que a tout condamné à mort aura la tête tranchée, a todo condenado a muerte se le cortará la cabeza. Aun cuando el gobernador y el capitán del ejército insular desean cumplir, en un principio al menos, con las leyes dictadas al otro lado del Atlántico, Saint Pierre no cuenta ni con guillotina ni con verdugo. Pasan los días y las semanas sin que París responda a la solicitud de una guillotina. A la espera de noticias, la esposa del capitán, Juliette Binoche, a quien dan el sobrenombre de Madame La, por La Capitaine, conmovida por el destino del condenado, Emir Kusturica, se encarga de entretenerlo y cultivar su espíritu. Desde el mundo adusto y simple de un pescador que aceptó su crimen, Neel se deja guiar de la luz a la oscuridad, cruelmente. Para los habitantes de la isla y para Madame La, realiza trabajos que le merecen ciertos privilegios. Comida caliente y vino, una celda que permanece abierta, un cielo abierto al medio día en el invernadero y cuando apalea nieve, la bruma matinal en el rostro. Meses después del juicio, la vecina isla de Martinica ofrece enviar su vieja guillotina y lo cumple, sólo que los marineros se rehúsan a llevar a bordo también al verdugo. Neel obedece con solicitud desconcertante, se convierte en la oveja perdida que no puede ser encontrada sin incumplir las leyes impuestas por la segunda República. Para complicar cualquier salida feliz, el capitán, Daniel Auteuil, debe responder con su vida por la integridad del condenado y el cumplimiento de la pena.

 

La actitud liberal de madame La levanta controversias que el pueblo solapa desde su complicidad. Es la cúpula regente la que mira entretenida, acompañada de su cognac y tertulias, hasta que se siente amenazada y obligada a confrontar dilemas morales complejos.

La riqueza visual del paisaje y el vestuario, la música e incluso los diálogos minimalistas son un gran acierto, “Por qué haces todo lo que te pido, Neel?”, pregunta Madame La al condenado. Cuando un exiliado llega en el barco que transporta la guillotina a pedir asilo con su esposa e hijo, el gobernador le advierte, “Desde este momento es usted verdugo o víctima”, anticipando poder obligarlo a terminar con la aplazada condena si acepta convertirse en el verdugo de Saint Pierre.

Los personajes principales carecen de puntos de vista legibles, podría ser debido a la sinergia del paisaje y el aburrimiento de una sociedad temiblemente aislada. En una isla de estepas áridas y vientos gélidos, las pasiones hierven o se mantienen durmientes

 

La Veuve de Saint  Pierre/ El Amor nunca muere
Director Patrice Leconte
Francia 2001
110' Min.

 

 

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